
Sufre usted el síndrome de Bear Grylls si padece estos síntomas:
- Para desayunar mata al canario de la abuela retorciéndole el cuello y se lo come crudo (habiendo yo que sé, tan ricos churros o rosquillas)
- Si sale de su casa por la mañana y en vez de cruzar la calle instala un sistema de deslizamiento por arnés entre las terrazas de dos edificios de 6 plantas
- Para conducir hasta el trabajo se fabrica una brújula que no sabe utilizar (pasando olímpicamente del tontón)
- Para pasar desapercibido en la oficina, se desnuda y pinta el cuerpo de gris para mimetizarse con el asiento (sin respirar fuerte y concentrándose mucho cuando pasa su jefe-termineitor)
- A la hora del café, que mejor que exprimirse unas buenas heces caninas
- A la de la comida, devora el chuletón con la cara pegada al plato en plan no-tengo-manos (véase la foto)
-Por la tarde, persigue el vuelo de las palomas para descubrir dónde hay agua (es decir, en la fuente luminosa del city-center)
- Al salir del trabajo, mata una vaca, le extrae los intestinos y se mete dentro a dormir para ahorrar el alquiler del mes
El síndrome de Bear Grylls es claramente un trastorno neurológico-mediático que demuestra que a veces lo extremo son las actitudes y no el propio medio.
(Y según mi sobrino paleontólogo, el “último superviviente” es un auténtico gilipollas)