miércoles 4 de enero de 2012

Reciclando el Patrimonio arqueológico (o el espacio que ocupa)



Terminaba el año en Public Archaeology con una equivocada definición de Arqueología preventiva defendida por la Comunidad de Madrid (y la prensa). Quedaba claro que en vez de prevenir la destrucción del patrimonio, se previenen las molestias que puede causar al desarrollo en forma de destrucción (pocas veces de integración u otras medidas compensatorias). Ahora, empiezo el año aquí con una reflexión trasnochada sobre el valor y uso del patrimonio.

Imagine a place where the term ‘millionaire archaeologist’ would not sound ridiculous, and where young archaeology students could look forward to excellent career prospects with salaries equivalent to any other profession.
[Imagina un lugar donde la expresión 'arqueólogo millonario' no sonara ridícula, y donde jóvenes estudiantes de arqueología tuvieran unas perspectivas de trabajo excelentes con salarios equivalentes a los de cualquier profesión.]


Así empezaba el año pasado (o hace dos, que con esto del cambio no me entero) una serie de artículos de Brendon Wilkins en Current Archaeology con los que di sentido a una de mis grandes preocupaciones; ¿Por qué nos duele cobrar por nuestro trabajo? Da la impresión de que esa imagen decimonónica del hobby de rico que nos persigue, estuviera calada en nuestros huesos desde el primer día que pisamos una intervención. Trabajamos gratis y no hacerlo supone un trauma. ¿Por qué? Al preguntar por el valor de la arqueología siempre pensamos en tópicos reciclados como eso de conocer el pasado para entender el presente y mejorar el futuro, o el socorrido recurso turístico que infrasatura (toma palabro) nuestra oferta. Un día alguien me contestó: "Para mí, es lo que me da de comer" y me quedé sin palabras.


Y es que nosotros mismos reproducimos los estereotipos, reciclamos la arqueología más rancia en vez de ofrecer alternativas contemporáneas y adaptadas a la sociedad.
La sociedad va cambiando en su forma y en sus hábitos de consumo. Y al igual que nos sentimos inadaptados ante unos modelos de gestión y formación que siguen anclados en el pasado, no somos capaces de ofrecer nada nuevo, que venda. ¿Cuál es el resultado? Un patrimonio que no se valora, que ni siquiera nosotros valoramos.
El Plan de Yacimientos Visitables de la Comunidad de Madrid a penas cuenta con unos pocos sitios verdaderamente accesibles. A pesar de ello, todo el mundo está encantado. Será porque no van a visitarlos. De ese encanto viene el creer que destruir la gran mayoría del patrimonio arqueológico se llame Arqueología preventiva. Reciclar espacios es un uso común. ¿Quién quiere vivir en un yacimiento arqueológico? Pero no nos damos cuenta de que las cosas bien hechas, bien parecen y en muchos casos se pueden reciclar los propios yacimientos integrándolos en el paisaje contemporáneo. ¿Qué hacemos? Olvidarlos... Así las últimas noticias desde Salamanca vienen cargadas de futuro. Si recuperamos el pasado, se queda ahí; en el pasado. No se contempla la recuperación de usos o la reintegración con materiales contemporáneos. ¿Tanto nos gusta la ruina? ¿Qué vale más, una plaza llena de basura o un lugar de encuentro revalorizado? ¿Un teatro cubierto por la vegetación y el olvido, o un esperpento contemporáneo que le devuelva su uso? Si el futuro de la arqueología es una selva sobre unos muros puede que no merezcamos un futuro. Si tenemos que elegir, entre destruir, conservar o integrar... visto que hasta ahora suele ganar la destrucción, cabría plantearse qué es lo que la sociedad espera de nosotros y qué estamos dispuestos a ofrecerles.
En el Reino Unido el nuevo PPS5 (la regulación que marca el planeamiento y casi casi las intervenciones arqueológicas) integra la consulta popular como marcador de las prioridades... un análisis interesante es el Southport Report que preparó el IfA como respuesta. Y yo me pregunto si eso pasara en España, ¿quién defendería una intervención arqueológica frente a un centro comercial o una carretera? ¿Qué valor le hemos aportado a nuestro trabajo ante la sociedad? Y sobre todo ¿qué visibilidad estamos teniendo para lo bueno y para lo malo?

Por cortar antes de que me vaya por los cerros de Úbeda, me apetecía darle una vuelta de tuerca al tema desde varios ámbitos y en pocas líneas, para que cada uno continúe por donde quiera, con más interrogantes que respuestas. Pero con una idea de fondo... y es que todo está conectado, desde nuestra más mísera existencia al robo de un mosaico en Zamora. En nuestra mano está que reciclar sea sinónimo de recuperar y no de hacer otra cosa en el mismo sitio...